Laura Conde (@vueling) septiembre 28, 2026
Viaja al pasado de Cantabria y descubre lugares llenos de historia, desde Santillana del Mar hasta Potes. Una escapada para conocer otra cara de la región.
Castillos, torres, callejuelas empedradas, señores feudales y alguna que otra guerra. La huella del pasado medieval de Cantabria sigue muy presente en pueblos y rincones que parecen hechos para recorrer sin prisa. Y entre parada y parada, la gastronomía cántabra pone la guinda a la ruta. ¿Nos vamos?
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Santander, una ciudad medieval bajo tierra

Cuesta imaginarlo al pasear por el centro actual, pero Santander fue en su día una villa medieval amurallada. Para encontrar sus restos hay que bajar bajo la Plaza Porticada, donde el Centro Arqueológico de la Muralla Medieval conserva parte de la fortificación construida a partir de la concesión del fuero por Alfonso VIII en el siglo XII. Muy cerca, la iglesia del Cristo y la Catedral se levantan en el lugar donde nació el núcleo medieval de Santander: las obras del conjunto comenzaron en el XIII y el claustro data del XIV. Hasta el callejero guarda alguna pista: junto a la Catedral sobrevive la calle de los Azogues, llamada así por el mercado que se celebraba aquí en época medieval.
💡Tip Vueling:Después de descubrir el Santander medieval bajo tierra, vuelve al presente con una visita a Faro Santander, el nuevo centro de arte ubicado en el histórico Edificio Pereda.
Santillana del Mar, el gran clásico medieval

Si hay un lugar donde ponerse en modo medieval, es Santillana del Mar. Todo empezó alrededor del monasterio de Santa Juliana, del siglo IX, sobre el que se levantó en el XII la actual colegiata, una joya del románico cántabro. Entra en el claustro: sus 42 capiteles son un pequeño catálogo medieval de escenas bíblicas, caballeros, animales fantásticos y criaturas bastante poco tranquilizadoras.
Fuera esperan las torres de Merino y Don Borja y uno de los cascos históricos más bonitos de Cantabria, de esos que invitan a pasear sin rumbo.
💡Tip Vueling: Ya que has llegado hasta la Edad Media, retrocede unos milenios más: a solo 2 km está el Museo de Altamira y su Neocueva, con la reproducción del famoso techo de bisontes. Del románico al Paleolítico en una mañana.
Cartes: una villa atravesada por el Camino Real

Cartes es pequeño, coqueto y muy fácil de recorrer: una larga calle empedrada entre casonas de piedra, balcones de madera llenos de flores y rincones que parecen haberse detenido en el tiempo. En mitad del paseo aparecen los Torreones, la gran puerta gótica que controlaba el antiguo Camino Real y donde se cobraban impuestos a viajeros y mercaderes. Todavía se atraviesan sus enormes arcos apuntados, aunque hoy, por suerte, pasar es gratis.
💡Tip Vueling: Cruza los Torreones como lo hacían los viajeros del Camino Real y continúa el paseo por la Vía Verde del Besaya hasta Riocorvo, otro Conjunto Histórico-Artístico que también formó parte del antiguo Camino Real. Un recorrido agradable entre patrimonio, naturaleza e historia.
San Vicente de la Barquera, una fortaleza frente al mar

San Vicente de la Barquera tiene casi todos los ingredientes para caer bien a primera vista: puerto pesquero, barcas balanceándose en la ría, fachadas de colores y los Picos de Europa de fondo cuando el día acompaña. Por si esto fuera poco, la Puebla Vieja recuerda que esta bonita villa marinera tuvo también un importante pasado medieval. Allí arriba esperan el Castillo del Rey, restos de las antiguas murallas y la iglesia gótica de Santa María de los Ángeles, iniciada en el siglo XIII.
💡Tip Vueling: Después de subir a la Puebla Vieja, toca volver al puerto y sentarse a comer. Aquí mandan los pescados y mariscos del Cantábrico y, si aparece en la carta, el sorropotún, el guiso marinero de bonito típico de San Vicente. Edad Media sí, pero con sobremesa.
Potes: torres entre montañas

En el corazón de Liébana, Potes conserva uno de los edificios medievales más reconocibles de Cantabria: la Torre del Infantado. La fortaleza, de origen bajomedieval, pasó por manos de algunas de las familias más poderosas de la zona y acabó vinculada a los duques del Infantado. A pocos pasos se encuentra la antigua iglesia gótica de San Vicente y, entre puentes y callejuelas, un casco histórico espectacular declarado Bien de Interés Cultural. Y ya que estás en Liébana, el Teleférico de Fuente Dé te llevará en un plis a más de 1.800 metros de altitud.
💡Tip Vueling: Tras el paseo, toca entregarse a los placeres terrenales: busca una terraza, pide unos Quesucos de Liébana y termina con un chupito de Orujo de Liébana.
Mogrovejo: una torre bajo los Picos de Europa

Mogrovejo parece una postal: un puñado de casas de piedra, tejados rojizos, prados de un verde intenso y los Picos de Europa como telón de fondo. En medio de esta pequeña aldea de Camaleño se levanta, como si alguien la hubiera colocado ahí para rematar la postal, una torre almenada de finales del siglo XIII. Es el edificio más antiguo del conjunto y recuerda el poder que tuvieron los linajes locales en estos valles. Medieval, diminuto e insuperable en fotogenia.
💡Tip Vueling: Desde Mogrovejo sale la ruta Bajo los Picos: un sendero circular señalizado de unos 9 km y 400 metros de desnivel que arranca en la parte alta del pueblo.
Argüeso: un castillo de 2 torres

Argüeso es uno de esos pequeños pueblos de montaña que hacen que apetezca frenar: casitas de piedra, chimeneas humeantes, tejados rojos, prados, bosques y, dominándolo todo desde una colina, el imponente Castillo de San Vicente de Argüeso.Tiene todo lo que se le pide a una fortaleza medieval: torres, almenas, gruesos muros y estupendas vistas sobre el valle de Campoo. Consulta la agenda: el castillo acoge exposiciones temporales de artistas locales, conciertos, rutas teatralizadas y otras actividades culturales.
💡Tip Vueling: A menos de un kilómetro se encuentra el Poblado Cántabro de Argüeso, una reconstrucción a tamaño real de un asentamiento de la Edad del Hierro. Cabañas, talleres y objetos cotidianos que recrean cómo se vivía hace 2.000 años.
San Felices de Buelna: la vida de un caballero medieval

En pleno valle de Buelna, entre montañas, prados ondulados y pequeños núcleos rurales, San Felices es una Cantabria tranquila, verde y poco amiga de las prisas. Aquí el paisaje y la vida de pueblo mandan, pero también hay sitio para una historia digna de serie: la de Pero Niño, almirante y primer conde de Buelna. Su torre familiar, levantada a finales del siglo XIV, sigue en pie y hoy alberga un pequeño museo dedicado al personaje.
💡Tip Vueling: Aprovecha para acercarte a la cueva de Hornos de la Peña, Patrimonio Mundial de la UNESCO y con grabados rupestres realizados hace miles de años.
Laredo: seis calles medievales y una playa enorme

Laredo ofrece un plan imbatible: pasear por una villa medieval y terminar con los pies en la arena. Su Puebla Vieja conserva las seis rúas que formaban el núcleo medieval, un pequeño laberinto de callejuelas, casas de piedra y restos de la antigua muralla que asciende hasta la iglesia gótica de Santa María de la Asunción. En su día, la villa llegó a convertirse en uno de los grandes puertos de la costa cantábrica. Unos cuantos siglos después, ahí sigue el mar, aunque ahora la inmensa playa de La Salvé invita más al paseo y al relax que a embarcarse rumbo a una guerra medieval.
💡Tip Vueling:Si el día acompaña, cruza en barco desde Laredo hasta Santoña. El trayecto por la bahía es cortito, las vistas merecen la pena y al otro lado te esperan las famosas anchoas.
Cantabria lo tiene todo: castillos, torres, callejuelas y varios siglos de historia a sus espaldas. Solo queda elegir la primera parada, reservar un Vueling y ponerse en ruta.